20180513 Diario Vasco

«La salida del hogar es siempre terrible, lo viven como un fracaso personal»

manada

       Mariángeles Álvarez, coordinadora de Igualdad. / FRAILE

La coordinadora de Igualdad del Colegio de Psicología describe la recuperación de mujeres que llegan «arrasadas»

Arantxa AldazARANTXA ALDAZ  

«Le oigo respirar». Al otro lado del biombo, en una sala aséptica de un juzgado, presta declaración un acusado de maltrato. La víctima, protegida para no tener que cruzarse con el hombre que arrasó su vida, asiste al juicio aterrorizada. «Sienten pavor», y muchas viven a escondidas a pesar de haber puesto distancia de por medio y haber transcurrido los años. Mariángeles Álvarez recuerda aquella experiencia personal -ella acompañaba a la víctima en el proceso judicial- para retratar el profundo impacto que deja la violencia de género. «Huir de casa, encontrar un refugio seguro, no es la solución a todos los problemas. Es el principio de un largo recorrido» personal, que se atreven a realizar las mujeres «valientes», se apresura a calificar frente al denominador habitual de víctimas. Algunas tienen que huir de casa. «La salida del maltrato es complicada en todos los casos. La salida del hogar es terrible. Las mujeres lo viven con una sensación de fracaso personal».

Cambia el espacio, el lugar, el municipio, pasan a convivir con otras mujeres víctimas de su misma situación, están también los hijos -que intentan mantener la rutina escolar-. «Cada mujer es un mundo -dice la psicóloga para evitar generalizar-. Pero sobre todo es la dificultad de enfrentarse ellas solas, porque han estado viviendo sin reconocimiento de mujer como ser autónomo, en una relación de dependencia y maltrato». Álvarez intenta describir ese estado de aniquilación. «Se encuentran tan mal que vienen arrasadas, están en el peor momento de su vida». Empiezan de cero. «Es el resultado de un proceso en el que se han deteriorado tanto que sus sistemas de defensa han quedado dañados, pueden llegar a paralizarse», e incluso algunas desarrollan eso que los expertos llaman «la identificación con el agresor», sentirse culpables del maltrato. «Se miran a sí mismas con los ojos del maltratador y se reprochan ciertos comportamientos».

La terapia funciona. «Brillan, son supervivientes, se hacen fuertes, resilientes», anima la psicóloga ante el temor de las víctimas a denunciar o a dar el paso de separarse del agresor, casi siempre la pareja o el cónyuge. «¿Qué haces cuando te tratan mal? Me trato bien y me voy», le gusta repetir a Álvarez que, al margen del caso investigado, cree que «no estamos protegiendo lo suficiente a las mujeres» y apela a la educación como herramienta del cambio social.

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