Ansiedad

La ansiedad es una reacción natural que puede volverse enfermiza, causando: angustia, fobias y pánico

La relajación, los fármacos y la psicoterapia ayudan a enfrentar este trastorno considerado la “antesala de la depresión” y uno de los problemas psicológicos más frecuentes.

Si viéramos un tigre paseando por la acera, nuestro organismo activaría los mecanismos que lo mantienen alerta para hacer frente al peligro

Nuestro corazón comenzaría a latir más veloz, nuestros pulmones aumentarían la oxigenación y nuestros músculos se tensarían para dar una respuesta rápida.

Ante la amenaza sudaríamos y nos paralizaríamos un instante, en tanto que nuestros sistemas endocrino e inmunológico trabajarían a un ritmo más acelerado, y nuestro córtex cerebral planificaría la mejor estrategia ante esta situación.

Algunos retrocederíamos, otros avanzaríamos hasta un lugar seguro, pero todos sentiríamos miedo.

Esta ansiedad fisiológica es protectora y necesaria ante un peligro, pero esta reacción puede volverse en contra de la persona si se lleva a ciertos límites.

Cuando los mecanismos de vigilancia se vuelven patológicos surge un estado de ansiedad que mantiene en alerta permanente al organismo, agotando sus reservas protectoras y originando una variada gama de síntomas físicos y psicológicos.

Decálogo contra la angustia

El miedo irracional está presente en nuestra vida y la ansiedad causa una paralización, a veces sutil, en los proyectos, tareas y relaciones, desembocando a menudo en la depresión. Pero en opinión de los principales expertos y tras las últimas investigaciones se extraen estrategias para combatir este mal

Conozcer al enemigo

La ansiedad es una sensación caracterizada por la espera de un peligro indeterminado y la convicción de ser impotente para afrontarlo. Vértigo existencial, zozobra, indefensión, temor ante algo indefinido, son algunos de sus signos.

Como mecanismo de vigilancia del organismo, la ansiedad es una respuesta física y mental, ante hechos o situaciones que suponen una amenaza para la integridad de la persona. Al alertar sobre ciertos peligros ayuda a preservar al individuo y la especie.

Es una emoción positiva y común a todos los seres humanos, que despierta los sentidos, actúa como alarma y es útil para tomar conciencia de las situaciones en las que hay que actuar y adecuarse a las circunstancias amenazantes.

Pero cuando estos mecanismos de vigilancia aparecen ante estímulos insignificantes, perduran en el tiempo y son de una intensidad exagerada, aparece la ansiedad patológica, que puede ser crónica.

Identificar los síntomas

La sintomatología varía según la persona y el nivel de ansiedad, que va desde una situación de alerta, con capacidad de reaccionar para solucionar un problema, hasta el pánico, en el que la persona padece desorganización emocional y sólo logra concentrarse en detalles que no tienen nada que ver con la causa de la dificultad.

Entre los síntomas más frecuentes figuran sequedad de boca, sudoración de las manos, vértigos, mareos, náuseas, vómitos y diarreas. La persona ansiosa puede padecer dolor de cabeza, presión y dolor en el pecho, palpitaciones y temblores, así como emitir suspiros o respiraciones profundas a intervalos regulares.

El insomnio, la irritabilidad y el nerviosismo y la depresión nocturna, son otros signos de la ansiedad, que suelen aparecer cuando el trastorno alcanza niveles desagradables.

Evitar que se vuelva permanente

Mientras que en situaciones de ansiedad normal, los cambios fisiológicos que se producen en el organismo son beneficiosos, en una situación de ansiedad crónica el cuerpo se mantiene permanentemente alerta, lo cual afecta al sistema inmunológico y disminuye la resistencia ante ciertas enfermedades.

De las situaciones de ansiedad pueden derivarse trastornos de la personalidad y psicosomáticos, depresiones, adicciones, fobias y problemas de adaptación. Las sensaciones de vértigo existencial, angustia y miedo son causa de sufrimiento para muchas personas, por lo que muchas recurren al alcohol o las drogas para adormecerlas.

Vigilar las situaciones de riesgo

Existe una serie de situaciones en las que normal que aparezcan síntomas ansiosos y no suele requerir atención médica. La muerte de un amigo o un familiar, los problemas sexuales, el despido del trabajo, la existencia de parientes con problemas de salud, el vencimiento de letras de crédito o los problemas con el jefe en el trabajo, son algunas de las circunstancias vitales que provocan una respuesta ansiosa de distinta intensidad pero normal.

También generan una reacción similar una separación matrimonial, una enfermedad grave, contraer matrimonio, jubilarse, tener problemas económicos, tener un hijo o hija que abandona el núcleo familiar o cambiar de domicilio.

Respetar el límite de seguridad

Es habitual sentir ansiedad ante un examen, una primera cita o al hablaren público, y en estas situaciones puede considerarse una aliada, ya que ayuda a mejorar el rendimiento. Pero hay casos en que se convierte en enemiga y, en lugar de estimular, inhibir.

Para quienes tienen propensión a padecer ansiedad, es difícil discernir a partir de qué momento la reacción natural se vuelve enfermiza. Los expertos consideran que la ansiedad es patológica cuando la persona se siente víctima de una ansiedad exagerada; cuando la reacción ansiosa es desproporcionada respecto de los estímulos que la causan, y cuando interfiere en su vida y le hace sufrir.

Atención a las fobias

Una de las principales manifestaciones de la ansiedad son las fobias o miedos patológicos: un temor persistente, excesivo e irracional, que conduce a un deseo impulsivo de evitar el objeto, la actividad o la situación temida.

Algunas fobias se originan en situaciones negativas que se han vivido, como el miedo a cabalgar después de caer de un caballo, pero otras no se basan en recuerdos, como el miedo a las alturas. Existen fobias a las serpientes, al avión o a los exámenes.

Entre las fobias más extendidas figuran el miedo al dolor, el sufrimiento y la enfermedad, así como a la muerte. El miedo a los espacios abiertos, a los espacios públicos o  a los cerrados. El miedo a las relaciones sociales también es común. Para controlar la ansiedad hay que erradicar las fobias que están relacionadas con ella.

Combatir las obsesiones

Los trastornos obsesivos-compulsivos: TOC son otro grupo de desórdenes, relacionados con la ansiedad. Las obsesiones se caracterizan por la aparición de ideas o imágenes que invaden la mente, mientras que las compulsiones son comportamientos, relativamente automáticos, que no pueden controlarse. No se podrá aliviar la ansiedad, sin tratar estos problemas.

Prevenir los ataques de pánico

Los ataques de pánico son accesos bruscos de ansiedad que comienzan de forma repentina y duran unos 20 minutos. Una de cada veinte personas parece estar expuesta a sufrir estos episodios, pero se desconocen sus causas.

Al comenzar el pánico los latidos cardíacos aumentan y la mayoría de los ataques, que pueden sufrirse varias veces al día o a lo largo de la semana, se relacionan con trastornos fóbicos.

Confíe en los fármacos

Los medicamentos más utilizados y eficaces para tratar los cuadros ansiosos son las benzodiacepinas, que actúan sobre el cerebro. Estos ansiolíticos “disuelven” la ansiedad, relajan la musculatura e inducen el sueño, y también tienen una acción anticonvulsiva, pero producen cierta dependencia. Como tratamiento farmacológico de la ansiedad, la Organización Mundial de la Salud recomienda los antidepresivos, que tardan más que los ansiolíticos en hacer efecto y también tienen efectos secundarios, pero presentan la ventaja de que no producen dependencia ni tolerancia, aumentando su eficacia a largo plazo. Los “tranquilizantes menores” como el meprobamato, y los betabloqueantes, que bloquean unos receptores de las células periféricas, también actúan como ansiolíticos.

Recurra a las psicoterapias

El objetivo terapéutico, en los casos de ansiedad crónica no consiste en la eliminación del problema, sino su control. Para tratar la ansiedad, las técnicas cognitivas y conductuales enseñan al paciente una serie de habilidades, desde la relajación, la respiración y las autoinstrucciones, hasta la distracción y la exposición a las situaciones temidas.

El objetivo es enfrentarse paulatinamente a las situaciones que causan angustia, hasta desterrar el miedo. (Psicoanálisis, psicoterapias de apoyo, de Jung, de Adler o psicodinámica…)

También se emplean para tratar estos trastornos métodos de autocontrol emocional, como la detención del pensamiento, el rechazo de las ideas irracionales o la reducción del estrés.

La ansiedad es una reacción natural que puede volverse enfermiza, causando angustia, fobias y pánico. La relajación, los fármacos y la psicoterapia ayudan a enfrentar este trastorno considerado la “antesala de la depresión” y uno de los problemas psicológicos más frecuentes.

Documental de “La Noche Temática” RTVE donde nos hablan de la ansiedad y sus manifestaciones tanto psicológicas como fisiológicas, todo ello a través del testimonio de personas que lo sufren.
¿En qué consiste un ataque de pánico, cómo aparece la ansiedad, qué son las fobias…? Estas y otras preguntas acerca de la ansiedad son abordadas en el documental.

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3 respuestas a Ansiedad

  1. Pingback: La Ansiedad | Tonalidad emocional

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