Cuando acudir a terapia

Cuándo ir a terapia: guía práctica para saber si necesitas el apoyo terapéutico

¿Cuándo es momento de consultar? Esta es la pregunta que seguramente nos hacemos en alguna ocasión. En el transcurso de nuestra vida experimentamos vivencias de mayor o menor intensidad pero que tienen un incuestionable impacto en nosotros y nosotras. Desde una mala racha con una amistad, pasando por dificultades en el entorno laboral, pérdidas y duelos; son todo situaciones que nos generan nuevas emociones que podemos no saber gestionar.

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La ansiedad,  el estrés, el miedo o el agobio son emociones necesarias y adaptativas para con nuestro entorno, pero que dada una circunstancia límite pueden dispararse hasta niveles que no somos capaces de controlar. Y, llegados a un extremo, la polarización de estas emociones pueden hacer mella y motivar el desarrollo de ciertas patologías como puede ser una crisis de ansiedad, un síndrome de estrés post traumático, una depresión o fobias varias. La clave, pues, está en poder seguir un tratamiento psicológico que nos permita y ayude a procesar aquellas emociones que empiezan a desestabilizarnos mucho antes de que evolucionen a estados más serios, en efecto. Pero… ¿cómo saber cuál es el punto exacto en que debo empezar a acudir al psicólogo o psicóloga?

La respuesta no es unilateral y válida para todas las personas. Cada cual experimenta sus vivencias de forma subjetiva y un mismo suceso puede repercutir de manera distinta a unas y a otros. No obstante, si es necesario que hagamos un ejercicio de reflexión y diálogo interior para determinar qué es lo que nos está ocurriendo. A veces, en la mayoría de los casos, no encontraremos un motivo concreto y desencadenante de nuestro malestar – para ello está la terapia psicológica – pero sí podremos tomar un poco de consciencia de si hay algo que falla en nuestro ser. Se trata, pues, de buscar indicios. Si hay malestar, sensación de ansiedad, alteraciones de nuestra rutina natural, pérdida o aumento de apetito, insomnio. Son elementos que nos pueden ayudar a identificar que algo no va bien. Por tanto, cuando percibimos que hay distintos factores que están bloqueando el devenir de nuestra vida, dejándonos además una mala sensación, dejémonos de sentimientos de autosuficiencia o pensamientos del tipo “yo puedo” y hagamos frente a la situación: es el momento de ir a terapia.

“Pedir es tan necesario como dar”, sentencia Marta Guerri, psicóloga especializada en Psicología Clínica y gestora del contenido de PsicoActiva.com Recuerda que no debemos confundir nuestra propia capacidad de autonomía en la gestión de nuestra vida con una negativa rotunda a solicitar la ayuda de los y las demás para gestionarla correctamente en ciertos momentos. Por ello, dejémonos de tapujos o vergüenzas y vayamos a psicoterapia en cuanto tengamos síntomas de que nuestra vida se tambalea. ¿Aún no queda claro? Gracias a Guerri, a continuación ofrecemos una guía de síntomas que, en caso de tenerlos, determinan que es el momento de ir a consulta:

No hallar sentido: Cuando sentimos una gran apatía que nos lleva a no tener ilusión y a no encontrar sentido a la vida.

Pensamientos negativos: Cuando somos incapaces de hallar nada positivo en el día a día y nuestros pensamientos únicamente giran en torno al negativismo.

Aislamiento: Cuando nos encerramos en nosotros o nosotras mismas porque percibimos el exterior como una constante amenaza.

Desaliento: Cuando creemos que todo nos sale siempre mal y que nada va a cambiar porque la desgracia nos ha invadido para siempre.

Miedo patológico: Cuando dejamos de hacer las cosas que nos gustan por un miedo desmesurado que nos impide salir a la calle, relacionarnos con nuestras amistades o hacer ciertas cosas que antes nunca temíamos hacer.

Hipocondría: Cuando empezamos a llevar conductas extrañas y maníacas, cuyo no cumplimiento nos genera ansiedad, por miedo a contraer alguna grave enfermedad y morir.

Pérdida de control: Cuando cualquier situación nos desborda y en vez de llevarla con asertividad y diálogo respondemos siempre con agresividad y rabia.

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Dependencias: Cuando caemos en adicciones comunes, como fumar, beber o jugar, sin saber salir del bucle y conllevándonos prejuicios en nuestra vida.

Estado ansioso: Cuando nos domina la ansiedad impidiéndonos una tranquilidad estable y serena, una conducta tranquila y el mantenimiento de pensamientos positivos.

Problemas de comunicación: Cuando la capacidad de diálogo y comunicación se cambia por la sucesión de gritos, silencios y malos comentarios, que dificultan y entorpecen la relación con las otras personas.

Desapetito sexual: Cuando surgen dificultades sexuales que vivimos con angustia debido a la impotencia y la falta de deseo que no se sabe comunicar a la pareja.

Si sientes más de uno de los síntomas expresados anteriormente, piensa que seguramente es el momento de acudir a psicoterapia.

Fuente: Psiquia

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