20170504 Diario Vasco

«Las actitudes románticas de un maltratador son las que más dependencia generan»

MARIÁNGELES ÁLVAREZ, PSICÓLOGA, Asegura que el asesinato es «la punta del iceberg» de una violencia «que el entorno y los vecinos desconocen»

AIENDE S. JIMÉNEZ DONOSTIA/SAN SEBASTIÁN
Mariángeles Álvarez posa en su despacho / MIKEL FRAILE

Mariángeles Álvarez posa en su despacho / MIKEL FRAILE

Con la muerte de la eibarresa Rakel López suman 22 las mujeres que han fallecido víctimas de la violencia de género en lo que va de año en España. «Esas son las muertes contabilizadas por el Gobierno, pero hay más», apunta Mariángeles Álvarez, psicóloga y responsable del área de Igualdad y Género del Colegio de Psicología de Gipuzkoa. «Cuando se asesina a una amante o una hermana no se cuentan como víctimas de la violencia machista y sí lo son», señala. Además, con el asesinato de Markel, de 12 años, ya son cuatro los menores que han muerto este año por esta causa, y otros nueve han quedado huérfanos.

– Dos nuevos asesinatos que lamentar.

– El número de mujeres que están siendo asesinadas desde el apoderamiento de su vida es terrible. Más aún cuando hay un menor de por medio.

– En este caso, el pequeño también es una víctima pero, ¿cómo afecta a los menores ser testigos del maltrato en sus hogares?

– Lo primero que hay que aclarar es que aunque no mueran los menores siempre son víctimas, porque no hay nada peor que se le pueda hacer a un niño o una niña que educarle en la violencia. Este pequeño que ha muerto tenía que estar dañado por las circunstancias previas que habrá vivido en su casa. Lo que vemos, al fin y al cabo, es la punta del iceberg, que es el asesinato, pero bajo la superficie hay muchas cosas que se desconocen y que van dañando enormemente al menor. Este niño ha sido víctima directa, porque el nivel de violencia y de machismo que tiene el agresor le impide reflexionar sobre las consecuencias de sus actos y, mucho menos, sobre las secuelas psicológicas que puede dejar en el menor.

– Llama la atención que el asesino confeso colgara en sus redes sociales fotos con su mujer y el niño acompañadas de declaraciones de amor.

– Esas actitudes son las que más dependencia generan, en las que el agresor tiene un comportamiento que pasa de la adoración al odio. Esas declaraciones y actitudes románticas hacen que ellas piensen: ‘Mira qué bueno es en realidad. Soy yo quien le provoca’. Es el mito del amor romántico, que no es un amor maduro, sino posesivo, en el que se infantiliza a las mujeres. Se las llama ‘princesitas o niñitas’, se las protege… Pero eso ocurre en algunos momentos, y en otros todo lo contrario. Eso genera dependencia, porque las mujeres están continuamente esperando que les den ese gran amor, que lleguen esos momentos de ‘príncipe azul’. Lo que ocurre es que también les dan lo peor que un compañero te puede proporcionar, que es el maltrato.

«Lo peor que se le puede hacer a un menor es educarle en la violencia» 

«El hecho de que no fuese su hijo biológico no influye. El daño es solo hacia ella»

– ¿Cree que el asesino confeso hubiese tenido una mayor consideración en caso de haber sido el padre biológico del menor?

– No tiene nada que ver. Porque el problema no es el niño, nunca lo es. Hemos visto numerosos casos en los que los padres matan a sus hijos, incluso de las maneras más macabras como el caso de José Bretón. El problema es la madre y que el maltratador se siente su propietario. Cuando considera que ese poder está amenazado es cuando ataca, y el daño a los hijos es en realidad una manera de hacerles daño a ellas, que son las que se han ‘portado mal’.

– Los vecinos han señalado que nunca les escucharon discutir y que parecía una pareja bien avenida. ¿Es común que se de esa imagen al exterior?

– Por supuesto. Además, por lo general, preguntar a los vecinos sobre el agresor suele ser una mala práctica. Nadie sabe lo que ocurre dentro de la casa de los demás. Que no se oigan gritos o peleas no significa que no exista un control y un maltrato en la pareja. Como decía antes, solo vemos el vértice de la pirámide, pero debajo nadie sabe qué tipo de episodios violentos han podido sufrir tanto esa madre como su hijo.

– Sobre el agresor no pesaba ninguna orden de alejamiento. ¿Se plantea la posibilidad de que haya sido un ataque aislado, sin un maltrato previo?

– Para nada. Cuando un hombre mata a una mujer es porque siente que es suya. No le importa lo que le ocurra a él, no piensa en que puede ir a la cárcel ni nada parecido. Su único objetivo es ejercer el poder y el control, y el no tenerlo es lo que le desquicia. Es el dominio lo que prima para ellos. Se genera una colonización de la personalidad de la mujer que deja de ser libre y está ‘cosificada’. Se convierte en un objeto sobre el que él ejerce su poder y que existe para su satisfacción y su servicio.

– El agresor llamó a su prima para confesarle los hechos, pero sin embargo ha huido. ¿Es más común que se genere una reacción de arrepentimiento?

– Eso depende mucho de la personalidad de cada uno. Por lo que se deduce de su manera de apegarse a su pareja, este hombre desarrolla un tipo de afecto que se presume eterno. Eso implica un elevado grado de renuncia que no es real. Son amores enfermos, en los que están enajenados, así que es difícil estimar cuál va a ser su actitud, si se entregará o tratará de seguir escondido.

– ¿Qué medidas habría que tomar para que estas muertes no sigan sucediendo?

– Ha llegado el momento de que la sociedad se plantee de una manera muy profunda un pacto de Estado contra el terrorismo machista, donde se incorporen todos los sectores intervinientes: asociaciones, gobiernos, poderes… Hay que analizar muchas situaciones, porque hay mujeres que lo están pasando mal incluso al denunciar, y por eso creo que ese pacto debe darse ya.

Fuente Diario Vasco 4/05/2017

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