Ludopatía y Ekintza Dasalud

43.000 vascos enganchados al juego

El Plan Vasco de Adicciones reconoce por primera vez las dependencias sin sustancia. La asociación Ekintza Dasalud reclama más ayudas de prevención y tratamiento contra la ludopatía. 

Que la ludopatía es una adicción que engancha con la misma fuerza, síntomas y dramáticas consecuencias que cualquier otra droga no es un mensaje nuevo. Verlo escrito en el recién aprobado Plan Vasco de Adicciones sí adquiere rango de noticia. Además de suponer el reconocimiento oficial al trabajo desinteresado que realizan desde hace años las asociaciones de ayuda en Euskadi, la inclusión de las llamadas adicciones sin sustancia entre los enemigos a atacar desde la Dirección de Drogodependencias abre las puertas a una política de prevención de daños, similar a las desarrolladas con otras sustancias, como la heroína, el cannabis, el alcohol o el tabaco. «La ludopatía sigue siendo una enfermedad invisible, y sin embargo los datos muestran que afecta a alrededor de un 2% de la población vasca», más de 43.000 personas, precisa Garbiñe Jaureguialzo, psicóloga de la asociación guipuzcoana Ekintza Dasalud. Se trata de una estimación, porque hasta la fecha no existe un registro de datos, más allá del que elaboran las tres asociaciones vascas, en el que se incluyen tanto las personas con problemas incipientes con el juego como aquellas que ya presentan conductas patológicas -ludópatas-.

«Hasta ahora el debate estaba abierto sobre si las adicciones sin sustancias podían incluirse dentro de los trastornos adictivos», explica Jaureguialzo. Cada vez queda más patente, añade, que las adicciones sin sustancias tienen síntomas comunes a las adicciones con sustancia. De todas ellas es la adicción al juego la que mayores problemas sociales, personales, económicos y familiares acarrea.

Las asociaciones de ayuda son hoy por hoy el único recurso con el que cuentan los afectados. Sobreviven a base de pelear subvenciones, con la incertidumbre financiera agravada por la crisis, y cuentan con una lista de espera de varios meses para poder dar cita al usuario, al que remiten a los grupos de autoayuda como solución de urgencia hasta que se libera la consulta con la psicóloga. Un 11% de los 74 nuevos usuarios que el año pasado llamaron a las puertas de la asociación no pudo ser atendido por la especialista por esa falta de medios.

«La demanda ha ido creciendo y supera a los recursos que podemos ofrecer», señala Jaureguialzo que confía en que el reconocimiento de la ludopatía como una adicción no quede únicamente reflejado en palabras, sino que se traduzca en medidas concretas de prevención y tratamiento. «Para empezar, la ludopatía debería ser tratada desde el ámbito sanitario, como el trastorno que es», reclama la psicóloga. Las consultas de Atención Primaria o las de Salud Mental son una de las puertas a través de la que entran los pacientes. Dos de cada diez nuevos usuarios fueron derivados desde Osakidetza, «porque no existe otro recurso» que el de la asociación para atajar el problema. «Si la ludopatía se reconoce como una adicción, deberían ponerse también los medios sanitarios para atajarlo», insiste Jaureguialzo.

La prevención entre los jóvenes, a través de campañas y de charlas en colegios, debería ser otro de los puntos de partida para poder avanzar, añade, porque con la proliferación de las casas de apuestas en internet se ha ido desdibujando el perfil del ludópata, asociado tradicionalmente a un hombre de avanzada edad que pasa horas en las máquinas. Las tragaperras siguen siendo el juego más adictivo, pero cada vez más jóvenes, con estudios universitarios, acaban siendo esclavos del juego. El 7% de los nuevos usuarios que acudieron a Ekintza Dasalud el año pasado tenían menos de 25 años. Todos eran chicos. El 15% de los pacientes reconocieron tener un problema con las apuestas a través de internet.

Menor tiempo de adicción

El balance de actividad de la asociación durante 2011 no muestra grandes diferencias respecto al año anterior, que supuso un antes y un después para la asociación. El 2010 se cerró con un incremento del 10% de nuevos pacientes y recibió un mayor número de jóvenes adictos a las apuestas on line, consolidándose la tendencia que en años anteriores ya había empezado a dar síntomas de crecimiento. Ese ‘rejuvenecimiento’ de los ludópatas tiene una consecuencia positiva, ya que los usuarios piden ayuda mucho antes de lo que lo hacían los adultos enganchados a las tragaperras. «Un menor tiempo de adicción permite una recuperación mucho más fácil. Para empezar, los enfermos no suelen tener deudas irreparables, o no han llegado a perder su trabajo», explica Jaureguialzo. Los destrozos que provoca la adicción al juego pueden repararse con la terapia adecuada. ¿En cuánto tiempo? Las altas terapéuticas apenas representaron un 1% de los pacientes que iniciaron el tratamiento el año pasado, pero se dieron diez más entre los usuarios más veteranos. La tasa de abandonos rondó el 5%.

Dice que la ludopatía es la asignatura pendiente en materia de drogodependencias, pero subraya que hay otras adicciones psicológicas que también están aumentando, como lo es la adicción a las compras, que ya suponen el 7% de los nuevos casos, o a internet (1%). Para hacer frente a estos nuevos perfiles, la asociación recalca la necesidad del reciclaje y la formación continua de todo el personal, así como una financiación estable para asegurar los tratamientos año tras año.

«Mi hijo tenía 22 años cuando nos confesó el problema y se curó»

Enrique es uno de los padres voluntarios que intentan ayudar a los familiares recién llegados a la asociación. Enrique paga «la deuda» contraída hace siete años con la asociación Ekintza Dasalud con su testimonio, que es la terapia que utiliza para ayudar a otros padres que, como él, vieron a sus hijos hundirse con el juego. La familia, dice este guipuzcoano, hereda la mochila de dolor y angustia que el enfermo descarga cuando asume el problema y pide ayuda. «Yo he visto llorar a muchas más familias que a enfermos en la asociación», apunta. Quizá porque para cuando el afectado toma consciencia del problema ya ha iniciado su propia rehabilitación, pero a la familia todavía le queda un largo camino por recorrer hasta curarse. Enrique dice que a él todavía le acecha de vez en cuando «la preocupación» de que su hijo pueda recaer. Solo ha ocurrido una vez, al año de terminar el tratamiento y de recibir el alta. «Llevaba un mes jugando y nos lo contó. Su error fue pensar que estaba curado y que podía volver a jugar en sus ratos de ocio. Pero la ludopatía es una enfermedad crónica».

A las personas que alberguen sospechas sobre el comportamiento de algún familiar o amigo les recomienda «estar muy atentos a los signos», porque antes o después la ludopatía acarrea problemas de dinero, que se traducen en deudas, mentiras, mal carácter. A ellos se les encendió la alarma cuando su hijo, que entonces tenía 22 años, empezó a retrasarse en la hora de llegada a casa a la noche. «La cena es nuestro momento de estar en familia. Empezó a llegar tarde y a poner excusas. A la enésima empezamos a sospechar que algo le pasaba», cuenta Enrique. Fue al comprobar en los extractos bancarios que el chaval, que por entonces trabajaba, llegaba a sacar 100 euros al día de la cuenta cuando supieron que el problema era serio. «O algo de drogas o el juego», dice Enrique que pensó. Acertó. «Hablé con él y se derrumbó. Aquella conversación le supuso un desahogo, porque pudo liberarse de todas las mentiras. Para entonces ya tenía clara la idea de que necesitaba ayuda. Incluso había buscado en internet el teléfono de la asociación». En nueve meses recibió el alta, pero Enrique decidió quedarse para servir de ayuda a otros padres que pasan por su misma situación. «Que se reconozca la ludopatía como una adicción como otra cualquiera es importante porque siempre ha sido una enfermedad incomprendida, como si fuera un vicio que elige el jugador, cuando no es así».

Fuente:  Diario Vasco 1   Diario Vasco 2 

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